miércoles, 25 de agosto de 2010

ATA TU CAMELLO

Ata tu camello

"Confía en Dios pero ata primero el camello."


Este dicho surge de una pequeña historia. Un maestro estaba viajando con uno de sus discípulos. El discípulo era el encargado de cuidar del camello.

Llegaron de noche, cansados, a la posada para caravanas. Era obligación del discípulo atar el camello, pero no se molestó en hacerlo y lo dejó fuera. En cambio, se dedicó a rezar, le dijo a Dios: Encárgate del camello, y se durmió.

Por la mañana el camello no estaba: había sido robado, se había ido... podía haberle ocurrido cualquier cosa. El maestro preguntó: -¿Qué ha pasado? ¿Dónde está el camello?
-No lo sé -dijo el discípulo-. Pregúntaselo a Dios, porque yo le dije a Él que lo cuidara ; y como yo estaba cansado, no tengo la menor idea. Yo no soy el responsable porque se lo dije muy claramente. No hay forma de que no lo entendiera: se lo repetí tres veces. Y como siempre enseñas que debemos confiar en Dios, he confiado. Ahora no te enfades conmigo.

El maestro dijo: -Confía en Dios, pero primero ata el camello, porque Dios no tiene otras manos que las tuyas. Si quiere atar el camello, tendrá que usar las manos de alguien; pero no tiene otras que las tuyas. ¡Y es tu camello! La mejor forma de hacerlo, el camino más sencillo y más fácil es usar tus manos. Confía en Dios, no confíes sólo en tus manos; de otro modo estarás tenso. Ata el camello y después confía en Dios.

Preguntarás: ¿Para qué confiar en Dios si ya he atado el camello?; porque aunque esté atado, el camello puede ser robado. Haz todo lo que puedas, pero eso no garantiza el resultado, no hay garantía. Por tanto, haz todo lo que puedes y después acepta lo que ocurra.

Éste es el significado de atar el camello: haz lo que puedas hacer, no eludas tu responsabilidad, y después si no pasa nada o si algo va mal, confía en Dios. Entonces Él sabe muy bien lo que hace. Quizá sea bueno para nosotros viajar sin camello. Es muy fácil confiar en Dios y ser vago.

Es muy fácil no confiar en Dios y hacer las cosas. Confías en Dios y sigues haciendo las cosas. Pero ahora sólo eres un instrumento; Dios es el verdadero actor, tú sólo eres un instrumento en sus manos.

4 comentarios:

Bouganvilla dijo...

¡Hola, amiga!
¡Qué curioso! Este cuento lo contó hace unos domingos en la homilía del Evangelio nuestro cura. Y es verdad, las manos de Dios somos nosotros, ¿no deberíamos de sentirnos afortunados, verdad?
Muchos besitos bouganvilleros.

♥Alicia dijo...

Hola amiga querida: Confiar en Dios no significa tener una actitud pasiva. Debemos hacer nuestra parte. Hacer lo posible y Dios lo imposible.
Somos las manos de Dios y somos ofortunados de serlo.
Un abrazote
♥Alicia

Anónimo dijo...

ALY: QUE IMPORTANTES QUE ES CONFIAR EN DIOS, PERO NO DEBEMOS OLVIDARNOS DE HACER NUESTRA PARTE, NO...?. MUY HERMOSA ESTA HISTORIA. BESITOS. ROBERTO.

♥Alicia dijo...

Hola Roberto, así es amigo, debemos confiar en Dios pero también debemos hacer nuestra parte.
Gracias por estar siempre a mi lado con tu maravillosa amistad.
Besitos.
♥Alicia