miércoles, 27 de enero de 2010

ECHEN FUERA LA AMARGURA

Echen fuera la amargura

"Echen fuera de ustedes la amargura, las pasiones, el enojo, los gritos, los insultos y toda clase de maldad. "(Efesios 4, 31)

En cada ser humano hay unas cuotas razonables de amargura provocada por muy diversas circunstancias. Podemos decir que es casi connatural a la persona esa falta de dulzura por las cosas de la vida. Lo que nos debe preocupar es que la amargura sea el sentimiento más constante en nuestras horas de cada día.
La amargura debilita y te ata. La dulzura engrandece, y libera, y humaniza...
La amargura siempre es una herida en el alma que va más allá de los malos momentos que nos hayan hecho pasar, o de las maldades que hayamos cometido. La amargura es la victoria del mal en tu vida. Lo que te destroza no es lo que te han hecho, sino lo que ahora sientes. Lo que te quita la alegría de vivir son esos sentimientos mal encauzados que te cierran en ti mismo.
Para la persona amargada no existe el pasado ni el presente ni el futuro, todo está teñido por esa falta de ilusión que tienen los que están muertos en vida...

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