miércoles, 25 de noviembre de 2009

SAL DE TU ZONA DE CONFORT

En esto vinieron sus discípulos, y se maravillaron de que hablaba con una mujer; sin embargo, ninguno dijo: «¿Qué preguntas?» o «¿Qué hablas con ella?» Juan 4:27 La historia de la profunda conversación que Jesús mantuvo con la mujer samaritana junto al pozo de Jacob no es solamente una fascinante narración acerca de una mujer desesperada que encontró el amor del Salvador; es un relato que presenta la compasión y la ternura que todos los seguidores de Jesús deben poner de manifiesto cuando hablan con otras personas acerca del inigualable amor de Dios. Si amamos como Jesús, trataremos de alcanzar a todas las personas con las que entremos en contacto sin hacer ninguna distinción. Buscaremos a los que son como nosotros, y también a los que son diferentes; a quienes nos agradan, y a los que nos desagradan. Jesús no pudo haber escogido como interlocutor a una persona más despreciada y odiada que a aquella mujer de Samaría. Ningún judío común habría aceptado nada de ningún samaritano, pero Jesús le pidió a la samaritana que le diera de beber agua. La gente solía llamar a Jesús rabí, pero la tradición no veía con buenos ojos que un rabí hablase con una mujer en público. Se suponía que no podía hacerlo, ni aunque fuese su esposa o su hermana. Sin embargo, Jesús eligió compartir la verdad de Dios con una mujer, y no con cualquier mujer, sino con una samaritana inmoral. El ejemplo de Jesús encierra preciosas lecciones para sus seguidores:
1. Debemos tratar de alcanzar a aquellos que consideramos no tan justos como nosotros. Dios puede dirigirnos para que compartamos nuestra fe con personas con quienes no nos sintamos muy cómodos. Debemos estar dispuestos a alcanzar a todas las personas, sin importar su categoría.
2. Debemos acudir a donde están las personas. La grandeza del discipulado no está en acudir a la iglesia y permanecer en actitud de espera, sino en salir y compartir las buenas nuevas. Eso hacía Jesús. Siempre buscaba. No se contentaba con esperar.
3. Debemos tener permanentemente una actitud dispuesta a compartir nuestra fe incluso cuando estemos cansados.
4. Debemos compartir nuestra fe con tacto y amor.Este es un buen día para dejar tu zona de confort, para salir de tu camino y alcanza r un corazón herido por el pecado. Hazlo como lo hizo Jesús.

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