miércoles, 19 de agosto de 2009

LA FE, EL ABANDONO, LA ENTREGA

"Estás muy preocupado por tomar las decisiones correctas respecto de tu trabajo. Tienes tantas opciones que estás constantemente agobiado por la pregunta '¿Qué debo hacer y qué no?'. Se te pide que respondas a muchas necesidades concretas. Hay gente que visitar, gente que recibir, gente con la que simplemente estar. Hay temas que piden atención, libros que parece importante leer y obras de arte para ver. Pero ¿qué de todo esto verdaderamente merece tu tiempo?
Empieza por no permitir que estas personas y estos temas se adueñen de ti. Mientras piensas que los necesitas para ser tú mismo, no eres verdaderamente libre. Gran parte de su urgencia proviene de su propia necesidad de ser aceptados y reconocidos. Debes seguir volviendo a la fuente: el amor de Dios por ti.
En muchas maneras, aún quieres organizar tu propia agenda. Actúas como si tuvieras que elegir entre muchas cosas, todas las cuales parecen igualmente importantes. Pero no te has entregado por completo a la guía de Dios. Sigues luchando con Dios por ver quién tiene el control.
Trata de dejar tu agenda en las manos de Dios. Di continuamente: 'Hágase tu voluntad, no la mía.' Entrega a Dios cada parte de tu corazón y de tu tiempo, y deja que Él te diga cuándo y cómo responder. Dios no quiere destruirte. El agotamiento, la extinción y la depresión no son señales de que estás haciendo la voluntad de Dios. Dios es amable y gentil. Desea darte una profunda sensación de seguridad en su amor. Una vez que te hayas permitido sentir plenamente ese amor, serás más capaz de discernir quién se te envía en nombre de Dios.
No es fácil entregarle a Dios tu agenda. Pero, cuanto más lo haces, más se transforma el 'tiempo del reloj' en 'tiempo de Dios', y el tiempo de Dios es siempre la plenitud del tiempo. "
Anthony De Melo.


"Abandono es una palabra ambigua y se presta a equívocos. A primera vista, suena a pasividad, fatalismo, resignación. En el fondo, es lo contrario: el abandono, correctamente vivido, coloca a la persona a su máximo nivel de eficacia y productividad.
En todo acto de abandono existe un no y un sí. No a lo que yo quería o hubiese querido. ¿Qué hubiese querido? ¡Venganza contra los que me hicieron esto!; no a esa venganza. ¡Tristeza porque se me fue la juventud!; no a esa tristeza. ¡Resentimiento porque todo me sale mal en la vida!; no a ese resentimiento.
Y sí a lo que Tú, Dios mío, quisiste, permitiste o dispusiste. Sí, Padre, en tus manos extendiendo mi vida como un cheque en blanco. ¡Hágase tu voluntad!
...Todo lo que resistimos mentalmente lo transformamos en enemigo. Para con las realidades que le producen agrado, el hombre extiende un lazo emocional de apropiación. Las cosas (o personas) que le causan desagrado, el hombre las resiste mentalmente, las rechaza, con lo que, automáticamente, las transforma en enemigas. Estas pueden ser los ruidos de la calle, el clima, el vecino, los acontecimientos, mil detalles de su propia persona, etc.
La resistencia emocional, por su propia naturaleza, tiende a anular al 'enemigo'. Ahora bien, existen realidades que, resistidas estratégicamente, pueden ser neutralizadas parcial o totalmente, como la enfermedad, la ignorancia o la pobreza. Sin embargo, gran parte de las realidades que el hombre resiste no tienen solución o la solución no está en sus manos. A estas realidades llamamos situaciones límites, hechos consumados.
La sabiduría consiste, pues, en hacer una pregunta: esto que me molesta, ¿puedo remediarlo? Si hay alguna posibilidad de solución, no es hora de abandonarse, sino de poner en acción todas las energías para lograr la solución. Pero si no hay nada que hacer, porque las cosas son insolubles en sí mismas o la solución no está en nuestras manos, entonces llegó la hora de abandonarse.
¿Abandonar qué? La rebeldía mental: llegó la hora de silenciar la mente, inclinar la cabeza, depositar los imposibles en manos de Dios Padre y entregarse.
...Está claro: adorando, todo se entiende. Cuando las rodillas se doblan, el corazón se inclina, la mente se calla ante enigmas que nos sobrepasan definitivamente, entonces las rebeldías se las lleva el viento, las angustias se evaporan y la paz llena todos los espacios.
Es verdad, será difícil hallar otra terapia tan liberadora como la adoración para sobrellevar con serenidad y altura las contrariedades y golpes de la vida. Pero ello, naturalmente, presupone una vida auténtica de fe."
Ignacio Larrañaga. Del sufrimiento a la paz.

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