martes, 8 de septiembre de 2009

DESPARRAMANDO VIDA

Tú vas, Señor, desparramando vida
en la pobre aridez del barro humano;
todo surco regado por tu mano
es viviente canción de rubio grano.

Tú conviertes la sed de pozos muertos
en fuentes refrescantes de aguas vivas;
y los desiertos, Cristo, que cultivas,
florecen en tus manos compasivas.

Llevas en Tí, Señor, todo el milagro
de los huertos en flor, llenos de trinos;
y cuando pasas tú por los caminos,
se estremecen de cánticos divinos.

Francisco Estrello

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