sábado, 27 de junio de 2009

LAS CUATRO ESTACIONES

Había un hombre que tenia cuatro hijos. El buscaba que ellos aprendieran a no juzgar las cosas tan rápidamente sin valorarlas en su conjunto y entonces decidió enviar a cada uno por turnos a ver un árbol de peras que estaba a una gran distancia. Todos sabían que visitarían el mismo árbol pero desconocían que lo harían en diferentes fechas del año.

El primer hijo fue en el invierno, el segundo en primavera, el tercero en verano y el hijo más joven en el otoño.

Cuando todos ellos habían ido y regresado, el los llamó y juntos les pidió que describieran lo que habían visto para que lo escucharan sus hermanos.

El primer hijo mencionó que el árbol era horrible, doblado y retorcido.

El segundo dijo que no, que estaba cubierto con brotes verdes y lleno de promesas.

El tercer hijo no estuvo de acuerdo, el dijo que estaba cargado de flores, que tenia aroma muy dulce y se veía muy hermoso, era la cosa mas llena de gracia que jamás había visto.

El ultimo de los hijos no estuvo de acuerdo con ninguno de ellos, el dijo que estaba maduro y marchitándose de tanto fruto, lleno de vida y satisfacción.

Entonces el hombre les explico a sus hijos que todos tenían razón, por que ellos solo habían visto una de las estaciones de la vida del árbol.

El les dijo a todos que no deben de juzgar a un árbol, o a una persona, por solo ver una de sus temporadas, y que la esencia de lo que son, el placer, regocijo y amor que viene con la vida puede ser solo medida al final, cuando todas las estaciones han pasado.

Si tu te das por vencido en el invierno, habrás perdido la promesa de la primavera, la belleza del verano y la satisfacción del otoño.

Moraleja:
No dejes que el dolor de alguna estación destruya la dicha del resto.
No juzgues la vida por una solo una estación difícil.
Persevera a través de las dificultades y malas rachas… pues sin duda vienen por delante mejores tiempos que nos harán olvidar el resto.
La motivación y el amor por la vida no reside en ver lo que está ocurriendo en cada momento, sino en saber amar y disfrutar cada minuto siendo conscientes de que forman parte de un todo, y que ese todo es genial y está lleno de satisfaciones, independientemente de que este instante sea bueno, malo o regular.